
ESTE NO ES EL FETT QUE
ME HABÍAN PROMETIDO
(O cómo pedir un Boba Fett de Lucasfilm/deMarca y recibir un Boba Fett
de Disney/AliExpress)
Capítulo I
· Un
Forastero en Tierra Extraña ·
A grandes rasgos, lo primero que nos muestra el episodio de Boba Fett es un flashback que sucede mientras está en un tanque bacta y que versa sobre su infancia y la muerte de su padre. Lo que me llama la atención es que en El Mandaloriano a Fett no se le ve en ningún momento con esa imperiosa necesidad de pasarse las noches haciendo de patito de goma en la bañera: no necesitaba un tratamiento de spa regenerativo. Pero debe ser que, dado que Vader en el Universo Expandido necesitaba regeneración constante, en Disney habrán hecho su comparativa:
"Vader era malo y se convirtió en bueno, y eso es lo que queremos para Fett, de modo que vamos a endosárselo aunque no venga a cuento. Y así, de paso, justificamos los flashbacks al pasado que eso de hacerlo en sueños ya está muy visto...”
”¿Pero no es lo mismo?...”
“Calla, que con el snorkel y la luz azul en el spa, no lo van a notar”
(Algo así ha debido de ser la conversación en la sede de Disney)
Curiosamente, hacer de patito le dura hasta que la línea temporal del flashback coincide con la del desarrollo del presente: cuatro anodinos episodios firmados por Favreau al guion.
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Boba "Patito de Goma" Fett
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A lo que iba...
Tras escapar de la muerte, abriéndose paso a base de cortar y quemar por entre las entrañas del Sarlacc, Fett surge de entre la arena y unos jawas lo encuentran y le saquean la armadura —de ahí la explicación de cómo la consiguió Cobb Vanth en El Mandaloriano—. Al final nos muestran que fueron los Tusken los que le recogen, le curan y se lo quedan como esclavo.
Hay que realizarun inciso en este momento y hacer notar un par de cosas:
La primera es que los ácidos digestivos del Sarlacc me parecen demasiado potentes para "una digestión de mil años". Si nos fijamos, la capa y la trenza de pelo de wookie han desaparecido cuando Fett emerge; y las quemaduras que tiene, aunque no parecen muy graves, si son de consideracíon. Suponiendo que no puede haber pasado más de una o dos horas —a lo sumo, y no me parece muy descabellado el plazo— en el interior del Sarlacc, me parece un efecto demasiado rápido para una digestión tan prolongada.
Por otro lado, que el enfoque dado a los Tusken ha sido un acierto: están presentados como una mezcla de beduinos y nativos norteamericanos —sobre todo estos últimos—, en línea con lo presentado en Una Nueva Esperanza —cuya parte de Tatooine era un western en toda regla— y, posterioremente, en El Mandaloriano. Esa identificación beduino/nativo americano se acrecentará según se desarrolla la trama, y más aún en el siguiente episodio.
Siguiendo ya con el episodio, volvemos al presente. Y ahí no hay mucho que contar, salvo que a Fett ya nos lo presentan como Princeso Disney: Dos robotitos hacen las funciones de los clásicos animalitos y lo visten.
Pero ¿qué nos podíamos esperar, si es Disney?
Aunque podría haber sido peor: podrían haberlo vestido gungans y revoloteantes toydarianos, como Watto...
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El nuevo Princeso Disney en todo su esplendor...
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En este punto Fett — que se ha hecho con el trono de Jabba tras cargarse a Fortuna— intenta consolidar su posición como Daimyo.
Y... sí, han oído ustedes bien. Daimyo.
Llamar Señor del Crimen (Kingpin,
en inglés) o Capo al puesto de mandamás del crimen, como que no mola. Así que le endosan un palabro japonés, en completa tradición con la línea de influencia japonesa de Star Wars.
Además, hay que tener cuidado, no sea que decir Kingpin reciba una denuncia por parte de Marvel (¿Espera? ¿Pero esos
no son también de Disney? ¿Se denunciarían a sí mismos?).
Pero, seamos realistas, daimyo queda como el culo.
Aunque el término daimyo significa gran nombre —que viene a ser como Gran señor—, es más adecuado para una organización gubernamental que para un Sindicato del Crimen. Ya puestos a seguir la temática japonesa, haberlo nombrado como Oyabun, que es el equivalente a un Capo de la Mafia dentro la Yakuza japonesa.
En fin. Seguimos…
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"Yo soy el mandao..."
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Fett acepta como guardaespaldas personales a dos gamorreanos que antes servían a Jabba y a Fortuna, e intentando cobrar tributo, el alcalde de Mos Espa le burrea a través de su mayordomo, que solo es un mandao... De modo Fett que decide ir a la ciudad con Fennec Shand y los dos gamorreanos, pasando del palanquín tradicional y yendo a pie, para demostrar que él está hecho de otra pasta y que las cosas van a cambiar...
Y aquí comienza la vergüenza:
Fett entra en el saloon y se quita el casco...
¡Ah, el casco...! No puedo por menos que hacer una pausa y centrarme en el jodido casco.Y es que lo de estar sin casco a la menor en su propia serie es algo de lo que todos los fans se han quejado:
En esta serie, Fett se lo quita a las primeras de cambio; un defecto
heredado del cine de Superhéroes, en los que eso de que el actor se pase
toda la peli con una máscara puesta, o incluso un casco —aunque deje la
cara al descubierto (Thor, can you hear me?)— despierta el temor
de que no se le reconozca y no es cosa que agrade a los productores, que
se ve que no han aprendido nada de V de Vendetta, ¡o de El Mandaloriano, mira tú!
Yo lo achaco al miedo anteriormente dicho porque no quiero pensar que Temuera Morrison, el actor que hace de Fett, tenga un registro corporal tan plano que, si no se le ve la cara para transmitir emociones, no funciona. Es algo que descarto pues cuando apareció en El Mandaloriano la cosa le funcionaba con el casco puesto...
Pero sigo con la infamia, que me despisto...
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Los terribles masillas ninja y sus arreadores de ganado
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Tras recibir el tributo por parte de la madame del saloon —que, como no debe haber bolsas, le dan todos los créditos en el casco (otra excusa para no ponérselo)— unos terribles masillas ninja de Bioman… digo… Asesinos de la Orden del Viento Nocturno —toma nombre rimbombante, que no se diga— le atacan al salir, enclaustrándole entre escudos de energía estilo Gungan.
Y ahí se produce la escena más putapénica del episodio.
Una escena que, por lo que se ve —en el tercer episodio pasa lo mismo; ya llegaremos a ello—, me demuestra que Robert Rodríguez ya no es el que era y que ya no está para hacer movimientos más dinámicos que los que le proporciona la gimnasia sueca que hacían nuestros abuelos. La falta de ritmo y tempo, de cámara y montaje, que tiene toda la escena de principio a fin es apabullante y te hace soltar un WTF en toda regla. Porque has pasado de ver peleas molonas en El Mandaloriano a una pelea de geriátrico en El Libro…
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Fett en El Mandaloriano: un arma de destrucción masiva
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Fett, que en El Mandaloriano se comía a stormtroopers a puñados, aquí no es capaz de ventilarse a seis ninjas mierderos que visten como malas copias de SubZero y Scorpion de Mortal Kombat...
Fett, que lleva un jetpack que le permite volar a la espalda, pero al que ni se le pasa por la cabeza usarlo para salir del muro de escudos...
Asi que los ninjas les sacuden la pana a él y a Fennec con una especie de azuzadores eléctricos para el ganado —aunque en el lore dicen que son terribles varas de plasma— que debían de usarse para arrear a los banthas, dada la inefectividad que muestran a la hora de electrocutar a una persona.
Pues sí. Así de cutres son los tipos los habían enviado a matar a Fett, aunque parezca mentira.
Y, de repente, cuando aquello ya parece una electrocución por aburrimiento con una pila de 15 voltios, aparecen los dos gamorreanos —en los escasos cincuenta metros que separan al saloon de donde se produce la emboscada, los gamorreanos desaparecen por arte de magia y luego vuelven a aparecer de repente, como si de un bug de un videojuego se tratase... lo que dice mucho de la calidad de dirección del episodio—. Los ninjas Asesinos de la Orden del Viento Nocturno desactivan los escudos —supongo que porque eso de ver a un cochino verde corriendo hacia a tí debe de producirles tembleque de dedos y le dan al botón equivocado— y se produce una pelea cutrona; de esas que te esperas ver en una mala copia turca de una peli de chinos de los 70’s.
Al final, los asesinos escapan después de dejar cambrao a Fett. Fennec los persigue y, tras otra pelea que da vergüenza ajena con un par de masillas, captura a uno de ellos —cuyo nombre en clave debe ser Mirada Intensita, a la foto me remito...— después de matar al otro tirándolo del tejado, para que se vea que ella sí es malota, y no un Fett cualquiera.
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El susodicho Miradita Intensita
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A Fett lo vuelven a meter al tanque bacta y nuevo flashback en el que hace migas con los Tusken después de marcarse, en plena línea de Princeso, un ahogamiento con cadena a lo Leia sobre un mono blanco de Barsoom… digo… un lagarto de cuatro brazos.
Vale, que sí, que Lucas bebía mucho de John Carter de Marte y el homenaje es bueno, pero la pelea vuelve a tener una tremenda falta de ritmo; incluso si la cabeza de la criatura tiene un aire al Kraken de Ray Harrihausen.
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| El lagartijo de Barsoom |
Y hasta ahí el primer episodio.
O sea, resumiendo lo que ha pasado:
1) En modo flashback —que es lo único que, para mí, merece la pena del episodio— Fett sale del Sarlacc, le roban la armadura, lo recogen los Tusken y luego salva a un niño Tusken de un lagartijo de cuatro brazos.
2) En modo presente, va a cobrar tributo y le apalean unos ninjas masillas.
Que yo soy de los que les gusta el cine lento, ese cine japonés de miradas largas, paisajes… Pero en el episodio han confundido ese tipo de rodaje con algo aburrido, relleno de peleas cutres, y no avanzamos casi nada en la historia. Porque hay escenas que duran cinco minutos que en dos o tres podían estar solucionadas de manera más versátil, que es lo que se hace en El Mandaloriano. Y mucha culpa se la atribuyo a Rodríguez, que parece un pollo sin cabeza al dirigir y que, como demuestra en el tercer episodio —el cambio de ritmo se nota un montón en el segundo, dirigido por Steph Green; y no ya en el quinto, por Bryce Dallas Howard—, y al menos por ahora, esto le queda grande.
¡Ah! Y en todo el episodio, Fett no ha matado a nadie.
Que se me olvidaba…
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