El Libro de Boba Fett: Este no es el Fett que me habían prometido (Intro)


ESTE NO ES EL FETT QUE ME HABÍAN PROMETIDO

(O cómo pedir un Boba Fett de Lucasfilm/deMarca y recibir un Boba Fett de Disney/AliExpress)

Introducción


Ha desembarcado en nuestras pantallas El Libro de Boba Fett y... bueno...

"Y".

Acompañadme, amigos, por esta triste historia...

Antes que nada, reconocer que yo nunca fui muy fan de Boba Fett. No le acababa yo de ver esa fascinación que otros tenían al ver El Imperio Contraataca y El retorno del Jedi. Para mí, simplemente, era un tipo del que decían que era peligroso pero que realmente no hacía nada más allá de ejercer de rastreador para Vader, transportista para Jabba y caerse en el Sarlacc cuando un Han Solo invidente se gira y le activa el jetpack.
 
El Hombre Sin Nombre
Diseños originales de Fett
Boba Fett, que originalmente había sido concebido como un cazarrecompensas —que bebía directamente de El Hombre sin Nombre de la Trilogía del Dolar de Sergio Leone— debía ser un tipo duro y despiadado, capaz de enfrentarse a un wookie él solito y vencerlo —llevaba una trenza de pelo wookie colgada del hombro por algo—; pero finalmente se quedó en un mero figurante más.

La cosa fue cambiando con la llegada del Universo Expandido —conformado por novelas, comics, fanfics, fanfilms, juegos de rol y ordenador...—; ese Universo que Disney, tras comprar a Lucas, se afanó por intentar eliminar persiguiendo cualquier intento de los fans de generar productos sobre Star Wars. Algo que Lucas había permitido e, incluso, alentado; afirmando que parte de su Universo era el que estába más allá de las pantallas. Un voluminoso y rico trasfondo que, ahora, Disney intenta recuperar porque ha descubierto, gracias a Dave Filoni, que genera cuantiosos beneficios.
 
Orden 66 Asturias (Mi padre, hermano y sobrino, agachados)
En ese Universo Expandido, como decía, descubrí a un Boba Fett con un trasfondo más complejo de lo que se muestra aquí —véanse los comics de su padre Jango Fett como aprendiz de Jester Mereel, amén de la serie de animación The Clone Wars, guionizada por Filoni, y que relata en algunos de sus capítulos el crecimiento y la evolución de Boba—. En definitiva, Boba Fett —y por extensión la cultura mandaloriana— se había convertido en algo atractivo que podía dar mucho juego. Tanto que incluso estoy pensando en hacerme un traje de mandaloriano y desfilar, si me dejan, con la Orden 66 Asturias a la que pertenecen mi padre, mi hermano y su familia.

Luego llegó El Mandaloriano. Allí no nos presentaron a ese Boba Fett inspirado en los western de Leone —porque ese manto lo recogió directamente Din Djarin, el protagonista— ni el del Universo Expandido; pero sí a un Boba Fett igual de duro que el sargento Highway o Harry el Sucio. Un tipo que no dudaba en emplear la fuerza letal, que estaba en línea con los tipicos malos del western y del cine negro y que podía dar juego como antihéroe, al estilo del Punisher de Marvel.


Pero, entrando ya en materia, no sé yo si esto que estoy viendo es no ya el Boba Fett que se desarrolló en el Universo Expandido del que he hablado, sino siquiera el mismo que Disney nos presentó en El Mandaloriano.
No voy a ser más papista que el Papa y decir "Este no es mi Boba Fett", cual fanhater que vive, a sus casi cincuenta años, en el sótano del garaje de sus padres y que no se ha ayuntado en la vida. Boba Fett, mal que nos pese, es un personaje con derechos de autor y explotación, que pertenece a aquel que los posee y que, con ello, puede hacer con él lo que le plazca —o los fans le dejen, si tiene huevos—. Y los derechos están en manos de Disney, que es la que corta el bacalao y reparte las tajadas como más le place y conviene, buscando, sobre todo, el rendimiento económico (aun recuerdo cuando a Lucas lo tildábamos de pesetero y ahora lo echamos de menos).
Así se ha demostrado con El Despertar de la Fuerza, Los Últimos Jedi y la inefable El Ascenso de Skywalker, en las que Disney se ha follado, gracias a que Star Wars es de su propiedad, todo el universo con el que habíamos crecido; y que nos ha dejado escenas tan absurdas como una carga de caballería sobre la cubierta de un destructor imperial.

Y no habría de ser menos en El Libro de Boba Fett.
Porque está visto que en cuanto Filoni se despista, Disney la lía parda. Su ausencia en el guion de la serie se hace palpable y Favreau (al menos durante los cuatro primeros episodios, que es cuando estoy escribiendo esto), construye una historia dubitativa y pobre para un Boba Fett que podía dar mucho de sí pero se queda en un “quiero y no puedo”.
 
En fin, vayamos al lío de eso que se llama El Libro de Boba Fett, y que después de cinco episodios aún no sé a cuento de qué mencionan un libro en el título...
Ya aviso que, cargaditas de spoilers, se atormentan las vecinas… digo… se avecinan las tormentas —aunque lo otro tampoco es mentira, si las vecinas son fans de Star Wars—, porque voy a ir episodio por episodio…
 
Eso sí:
Otra cosa a recordar antes de adentrarnos en los análisis de los capítulos es que, muchas veces, a los que ya tenemos una edad se nos olvida el público objetivo al que iba destinado Star Wars: preadolescentes, adolescentes y postadolescentes. De ahí que haya puntos de humor, muñequitos y demás que normalmente obviaré en mis comentarios.
Que para ver superhéroes "adultos" o ciencia ficción dura ya existen otras cosas por ahí.

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